Av. de la Universidad 501
(2400) San Francisco
Córdoba - República Argentina
Ing. Oscar Ghisolfi: "Hay que estar presentes, para que más que nunca, nunca más"
A 50 años del golpe de Estado de 1976, compartimos el testimonio del Ing. Oscar Ghisolfi, graduado en 1982, quien durante su etapa estudiantil fue protagonista de las primeras luchas por los derechos del claustro.
24/03/2026
“Hoy más que nunca, nunca más” es el lema que este 24 de marzo, a 50 años del golpe de Estado de 1976, convoca a sostener viva la memoria y continuar reclamando verdad y justicia por lo sucedido en aquellos años de terror. Desde UTN San Francisco compartimos en esta fecha el testimonio del Ingeniero Oscar Ghisolfi, graduado de nuestra casa en 1982, quien en sus años de estudiante participó activamente junto a sus pares en la defensa de los derechos de ese claustro y los reclamos por mejores condiciones de estudio que surgieron en aquella primera etapa de nuestra Facultad Regional.
Fue detenido en junio de 1976, estuvo en la Fábrica Militar de San Francisco, después en la Jefatura Policial, hasta que recuperó la libertad. “Yo creo que a mí me detienen por mi actividad en el Centro”, contó, y afirmó: “Yo digo me salvé porque estaba acá”, ya que cree que otro hubiera sido su destino si lo hubieran trasladado a la ciudad de Córdoba.
Oscar llegó a UTN San Francisco en 1971, con el primer año de Ingeniería aprobado en la UNC y el segundo año cursado. En el ‘72 año se creó en nuestra casa la Ingeniería Electromecánica, fusionando las Ingenierías Eléctrica y Mecánica que, junto a Ingeniería en Construcciones, integraban la oferta académica uteniana local en San Francisco. La UTN funcionaba en el Colegio Sagrado Corazón, ya que había sido creada formalmente en diciembre de 1969 y el primer ciclo lectivo se abrió en 1970 en ese centro educativo que había cedido parte de sus instalaciones para que la Universidad se abra paso.
Esa necesidad de un edificio propio fue el principal reclamo de los estudiantes en aquellos años, a lo que se sumaban las modificaciones de planes de estudio, las elecciones de autoridades institucionales, entre otros temas. Y ahí estaba Oscar junto a un grupo de estudiantes, organizando reuniones con autoridades, movilizaciones, coordinando el contacto directo con el resto de los estudiantes, y transitando su formación como ingeniero, entre tantas otras cosas.
“La historia del edificio empieza casi cuando se crea la Facultad. La opción principal era la del Molinos Río La Plata, que ya se había levantado, estaba en venta. Y después apareció este lugar, el actual, pero en principio no figuraba. Y acá además de todo lo que había era espacio, estaba bastante avanzada la construcción, estaban todas las aberturas puestas”, explicó.
“Cuando yo llegué ya estaba bastante avanzado el tema -dijo Ghisolfi-. Me acuerdo que estaba (Guillermo) Peretti como intendente, nosotros fuimos a la Municipalidad a pedir por el edificio propio, cortaron la calle, se armó bastante lío. Nosotros entramos a hablar con él, éramos cuatro o cinco, y los otros se quedaron en esa entrada del Palacio Municipal. Después de eso fuimos hasta La Voz de San Justo, desde ahí hasta LV27, en Colón y 25 de Mayo”.
“A esas movilizaciones iban todos, aparte que éramos pocos. Ya en ese entonces había como 130 estudiantes, pero íbamos todos. Cuando yo vine el Centro de Estudiantes ya estaba formado. Fue un Centro formado al estilo de sindicato, porque en los centros de estudiantes estaba la minoría que participaba, en éste, no. Además, era una comisión muy cortita: eran cuatro, presidente, vice, secretario y tesorero. Cuando entramos nosotros, yo creo que fue en el ‘72, ó en el ’73, elegimos delegados por curso, y esos delegados después entraban a formar parte de la comisión. Uno se encargaba del Deporte, otro de otra actividad, y de esa manera teníamos contacto rápido con todos, era un ida y vuelta continuo”, relató.
Una de las movilizaciones realizadas para pedir por el edificio propio para la UTN
"Queremos que este barrio, sea universitario"
“Pero el edificio era lo principal. Después venía todo lo otro, añadido”, aseguró Oscar, y recuerda de las marchas que se realizaban por aquel bulevar Roca sin pavimentar, desde Urquiza hasta la tranquera que se ubicaba en el ingreso al predio, cantando “queremos que este barrio, sea universitario”. Los vecinos del sector acompañaban con aplausos aquel pedido.
Desde aquellos primeros años de la década del ’70, el predio fue el eje de la atención y las actividades de los estudiantes y la comunidad de la UTN. Se compartían partidos de fútbol, picnics, encuentros. El mismo Oscar, en una entrevista previa, había contado que antes de casarse en 1975 “mi despedida de soltero me la hicieron acá, en el edificio actual de la Facultad, no había electricidad así que usamos un par de soles de noche”.
Y desde el Centro de Estudiantes en aquellos años se impulsaron diversas acciones en defensa de los derechos de los estudiantes: “Una de las cosas que implementamos fue que a fin de año hacíamos una evaluación de los profesores, íbamos curso por curso, y preguntaban si habían entendido lo que dieron, si parecía que el profesor sabía lo que estaba haciendo, y si habían completado los programas. Y eso fue iniciativa nuestra, porque era una forma de control de ese derecho a aprender, nosotros íbamos a aprender”.
“Por ejemplo con el tema de las becas. Cuando se planteó el tema, nosotros solicitamos que se coordinen desde el Centro de Estudiantes. ¿Quiénes conocen más a los compañeros? Los alumnos. Y formamos una comisión de becas. Para que los estudiantes sean los que opinen y tengan voz y voto. Nosotros éramos la columna que arrastraba al resto. Todo esto fue antes del golpe del ’76”, explicó.
Oscar Ghisolfi, segundo de izquierda a derecha
El golpe de 1976
“Cuando llega el golpe, yo me acuerdo que me levanté y fui a Empleados de Comercio, porque teníamos compañeros que estaban en el Centro de Estudiantes y eran delegados de Empleados de Comercio. Y estaban ahí. Había policías por todos lados. Pero nadie sabía lo que iba a pasar. Se sabía que habían detenido gente, pero no se tenía la más mínima noción del genocidio que iban a hacer. No se tenía ni noción. Estaban detenidos, claro, siempre detuvieron, con Onganía también detuvieron, pero no se tenía idea. Yo ya en ese entonces casi no iba a la UTN, estaba rindiendo”, relató Ghisolfi.
Y agregó: “Yo creo que a mí me detienen por mi actividad en el Centro. Yo creo que tuve suerte, porque fue un desastre la detención, llevaron hasta empleados de la fábrica militar, capataces”.
“Fue en junio de 1976. Van a la casa de mi hermano, y entonces a mí me avisaron que se lo habían llevado a mi hermano. Fue como a las 3 o 4 de la mañana. Dicen que los del barrio después comentaban que había todo un operativo, que andaban por los techos, eran los paracaidistas de Córdoba. Y me acuerdo siempre: Yo vivía en una casa que era de un tío mío, en un departamento frente a la Escuela Irigoyen. Yo vivía atrás. Y cuando me avisaron, había salido, y cuando vuelvo estaba todo rodeado. Y mi señora que no les abría la puerta. Entonces yo le grité que abra. Estaban ahí al fondo, y unos decían ‘éste es el que buscábamos’”.
“Me atan, me vendan, me encapuchan. Un circo todo para que no sepa dónde me llevaban, pero yo me conocía los saltos de las calles de andar en bicicleta por la ciudad. Entonces salieron, llegaron a Garibaldi, doblaron, fueron hasta los Bomberos, agarraron Independencia, sentí cuando subieron a la ruta con el vehículo, y un rato después doblan para allá: la Fábrica Militar. A mí me dijeron que había como cien tipos, después se fueron yendo, y a mí me dijeron que quedamos como veinticinco. Estábamos, me dijeron, en un lugar de suboficiales, un lugar que tenía cuchetas. No me acuerdo muy bien si ese mismo día me llevaron para interrogar o no”, relató.
Mientras avanza en sus recuerdos, Oscar aclara que en aquel momento “no estaba asustado, no sé por qué. De no entender en realidad lo que pasaba. Y me preguntaron, y le preguntaron a todos los que habían detenido, si conocía a éste o a aquel”.
“En conclusión, estuve como siete días ahí. Atado siempre, vendado, acostado en un elástico de cama. No sabés cómo estaban los brazos, porque uno ahí siempre está acostado arriba de los brazos, en cualquier forma”, contó.
"Quedaste vos solo"
Después prosiguió diciendo: “Y ahí ya no estaban más los otros. Uno que me daba de comer en la boca, me dice, ‘Cacho, soy tal’. Era novio de una prima mía. Y al final me dice que ‘estás vos solo, quedaste vos solo’. Y, una noche, ahí me asusté. Me cargan en algo, no sé qué era, un auto habrá sido. Salen para allá, agarran la ruta, ‘¡ay, cagué!, me llevan a Córdoba’. Llegaron al cruce, todo era para que yo no me de cuenta de dónde salían. Van hasta el Parque Industrial y entran, y me llevan a la Jefatura. Y ahí me tienen como tres días más investigando si no me necesitaban en otro lugar. Ortega, el abogado, presentó un recurso, un hábeas corpus. Y me tienen así, estaba bastante sucio, y me largan a la tarde, no me acuerdo bien. Yo me voy hasta los Hermanos Maristas para ver si había algunos, pero no había ni el loro. Después los muchachos me contaron: ‘nosotros, sentíamos que se paraba un auto a la noche al frente de casa, nos metíamos abajo de la cama’”.
“Realmente no se sabía lo que estaba pasando. En ese momento había muy poca información. Nada. Empecé a tomar conciencia mucho después, mucho después, cuando salieron ya las Madres de Plaza de Mayo, todos esos movimientos, pero no teníamos ni la más mínima idea, sabía, sí, que estaban detenidos. Y yo, digo que me salvé porque estaba acá”.
“A mí, yo digo, me detienen por la actividad en el centro, y bueno, por esa actividad también yo después trabajo, no me querían dar, estuve bien jodido”, aseguró. Y acotó: “Para mí fue duro después, digamos, de todo esto. Nosotros vivíamos siempre acá, prácticamente no pensábamos un minuto en otra cosa que no sea la universidad. Y por eso veníamos a jugar al fútbol acá, para distraer”.
Al referirse a la importancia de la participación y el compromiso con la vida institucional universitaria, Ghisolfi expresó que aquellos estudiantes de los primeros años de nuestra Facultad “estábamos donde había que estar”. “No puede ser que el alumno venga acá a estudiar y no se entere de nada de cómo son las cosas, de los problemas, con el problema presupuestario tendrían que haber estado los mil y pico en la calle acá. Son derechos que se conquistaron. Con la baja de los sueldos los profesores que son buenos se van, los investigadores que son buenos se van, y eso es quitar derechos, porque la educación empeora. ¿Para qué peleamos por esto si después lo vamos a tener vacíos?”.
Y finalizó: “Yo pienso que hay que estar presentes, y más que nada en esta conmemoración de los 50 años del golpe. Para que más que nunca, nunca más. Para conmemorar lo que pasó, y en contra de lo que se está haciendo”.